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20MINUTOS.ES - Salud

Noticias de Salud en 20MINUTOS.ES
  1. Los expertos analizan las diversas opciones para quienes recibieron la primera dosis de AstraZeneca

    Los expertos están analizando las diversas opciones para completar o no la vacunación contra la Covid-19 en las personas que recibieron la primera dosis antes de que se suspendiera la inoculación con este suero mientras se investiga su posible vinculación con extraños casos de episodios trombóticos.

    El pasado 7 de abril, el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud tomó la decisión de restringir el uso de la vacuna de AstraZeneca solo a las personas de entre 60 y 65 años, después de que la Agencia Europea del Medicamento (EMA) confirmara que "hay un posible vínculo" entre esta vacuna y casos muy raros de trombos. Al día siguiente, la Comisión de Salud Pública anunció que se extendería este grupo hasta los 69 años.

    Esta verificación ha sido realizada en el marco del proyecto #VacúnaTE que Maldita.es y la agencia de noticias Servimedia desarrollan contra la desinformación sobre las vacunas de la Covid-19 con el apoyo de Google News Initiative.

    La situación plantea la duda de qué va a ocurrir con los menores de 60 años que ya habían recibido la primera dosis y están a la espera de recibir la segunda. Según la ministra de Sanidad, Carolina Darias, una opción es dejar a este grupo con una sola dosis de AstraZeneca. La otra sería darles una segunda dosis de otra vacuna, como las de Pfizer o Moderna que utilizan una técnica distinta (AstraZeneca es una vacuna basada en adenovirus y Pfizer y Moderna están basadas en ARN mensajero).

    Pero, ¿es una buena idea combinar vacunas diferentes? Según apuntan los expertos, son necesarios ensayos clínicos que prueben la eficacia y seguridad de esta práctica. Además, no aconsejan dejar a este grupo con una sola dosis de la vacuna porque pierde eficacia. De este modo, señalan una tercera vía: terminar la pauta de vacunación con el suero de AstraZeneca.

    Francia ya ha anunciado que las personas menores de 55 años a las que se les aplicó la primera dosis de AstraZeneca recibirán una segunda dosis de la vacuna de Pfizer o Moderna. Como recoge el diario francés Libération, a este respecto la portavoz de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Margaret Harris, afirmó que "la intercambiabilidad de vacunas no es algo que se pueda recomendar en esta etapa" por falta de "datos adecuados para decir si es algo que se puede hacer".

    En España, tras el anuncio de los cambios en la estrategia de vacunación, la Sociedad Española de Inmunología (SEI) emitió un comunicado en el que destacaban la necesidad de realizar estudios para garantizar la seguridad y eficacia de esta práctica.

    Lo mismo indica Isabel Solá, viróloga del laboratorio de coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC): "La idea de combinar dos vacunas de distinta naturaleza (régimen heterólogo) en principio es razonable y se hace con frecuencia en la experimentación de vacunas en sanidad animal. Sin embargo, para tener la certeza de la eficacia y la seguridad sería necesario un ensayo clínico adecuado".

    Pepe Alcamí, virólogo del Instituto de Salud Carlos III, también dice que faltan datos sobre esta práctica: "A priori la la vacunación con otro prototipo que no sea AstraZeneca como segunda dosis no debe plantear nuevos problemas de seguridad. Respecto a la eficacia, lo previsible es que el sistema inmune activado por la vacuna de AstraZeneca con la primera dosis responda con la memoria generada frente a una segunda dosis, aunque sea otro inmunógeno. Pero no lo sabemos".

    Ignacio López-Goñi, microbiólogo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, ha explicado que la norma general es que las vacunas no son intercambiables y es algo que se hace solo en casos excepcionales. Por ejemplo, que no se dispongan de más dosis de la primera vacuna o que se desconozca el fármaco que se aplicó en primer lugar. No obstante, según López-Goñi, tienen que ser vacunas que estén autorizadas "con la misma dosis para la misma población y con el mismo antígeno".

    Pero, en este caso, la vacuna de AstraZeneca lleva adenovirus y las de Pfizer y Moderna son de ARN mensajero (o ARNm). Así que, "aunque vayan frente a la misma proteína, son dos formulaciones distintas y no tenemos todavía datos de cómo van a funcionar", apunta el microbiólogo. Sobre este tema, Isabel Solá explica que "la propuesta es razonable y no es nueva" ya que "en vacunas animales es frecuente combinar una dosis con un vector vacunal y otra con un ácido nucleico". En la misma línea, Alcamí dice que "sobre el papel" combinar estas vacunas "no entraña riesgo", pero "pueden plantearse más dudas sobre la eficacia".

    El virólogo afirma que, en su opinión, se necesitan estudios "para comparar la inmunogenicidad de poner una segunda dosis con otras vacunas en comparación con una segunda dosis de AstraZeneca, que hoy por hoy no ha sido descartada por la EMA".

    En este sentido, en Reino Unido ya hay un ensayo clínico en marcha que está probando combinar las vacunas de AstraZeneca y Pfizer. Según se expone en la web de esta investigación, "el propósito de este ensayo es ver qué tan bien responden los sistemas inmunológicos de las personas cuando se les aplica un tipo de vacuna y luego se refuerza con otro" y también "ver qué tan buena es la respuesta cuando la segunda dosis se separa de la primera dosis en diferentes períodos de tiempo".

    Según Solá, este ensayo clínico respondería a muchas dudas que tenemos hoy en día. Por ejemplo, si combinar vacunas de adenovirus con vacunas de ARNm es seguro y eficaz, o "cuál es el orden óptimo y también el tiempo óptimo entre una dosis y otra".

    El microbiólogo López-Goñi afirma que los resultados del ensayo clínico de Reino Unido que analiza la posibilidad de mezclar vacunas no se han publicado aún y que le parece "muy arriesgado utilizar una vacuna distinta porque no sabemos si será mejor, si será peor o si tendrá otros efectos secundarios". Por lo tanto, según el experto, "lo más recomendable en este momento es que se dé la segunda dosis con la vacuna de AstraZeneca".

    Margarita Del Val, viróloga del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CSIC-UAM) explicó en laSexta que se dispone de 12 semanas hasta que les toque la segunda dosis a los que se vacunaron con AstraZeneca. "Lo que ha dicho la EMA es que se pueden vacunar sin ningún problema a personas menores de 60 años (con esta vacuna). De manera que (...) para entonces debería estar aclarado y, para mí, si no hay nuevos datos de nuevos ensayos clínicos la opción, desde luego, con el conocimiento actual, es segunda dosis con AstraZeneca".

    El catedrático de Inmunología Alfredo Corell, de la Universidad de Valladolid, indico lo mismo en RTVE: "Es preferible que se complete la pauta (con AstraZeneca) a que se combinen con otras vacunas hasta que se tengan mayores evidencias y se pueda probar con diferentes dosis".

    El también inmunólogo José Gómez Rial, del laboratorio de Inmunología el Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela, publicó un hilo en Twitter aclarando dudas sobre la posibilidad de completar la vacunación de los menores de 60 años con otro fármaco. Señalaba que la "recomendación de muchas sociedades científicas está en completar la pauta vacunal con la vacuna de AstraZeneca, dado que el bajísimo riesgo de trombopenias inmunes no justifica el 'experimento' del esquema mixto sin haber sido probado en ensayo clínico".

    Isabel Solá afirma que la opción de dejar a los vacunados con AstraZeneca menores de 60 años con una sola dosis "no parece recomendable en principio". Según la viróloga, los resultados de esta vacuna publicados en The Lancet muestran que, con una sola dosis, la eficacia de la vacuna se mantiene en un 74% hasta los 90 días. Pero entre 90 y 120 días desde la primera dosis la eficacia se reduce a un 32%. En esto coincide López-Goñi, el microbiólogo explica que los ensayos clínicos de esta vacuna indican que para obtener el máximo de protección posible se necesita la segunda dosis.

    "En mi opinión, en ningún caso debe dejarse con una única dosis a los vacunados con AstraZeneca", manifiesta por su parte Pepe Alcamí. Según explica, la segunda dosis no sólo aumenta la protección frente a la enfermedad sino que también "puede ser importante para bloquear la reinfección y transmisión del virus" ya que, en el caso de la vacuna de Pfizer, hay datos que apuntan a esto. Se trata de seis estudios que analizan la protección de la vacuna de Pfizer y BioNTech frente a la infección sintomática y asintomática y muestran "eficacias del 75% al 94%".

    Para denunciar bulos relacionados con la desinformación de las vacunas contra la Covid-19, Maldita.es dispone de un canal de WhatsApp a través del número +34 644 229 319 para que cualquier persona pueda comprobar automáticamente casos de desinformación que llegan a través del teléfono u otras vías.

  2. Por qué no tiene sentido paralizar la vacunación de Janssen y AstraZeneca

    En el comienzo de la cuarta ola de la pandemia y en plena escalada de las vacunaciones, un nuevo sobresalto ha venido a complicar la situación. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) estadounidenses han notificado 6 casos de trombosis, todos ellos mujeres, en 7 millones de personas vacunadas con la vacuna de Janssen en Estados Unidos.

    Ese anuncio ha vuelto a retrasar la vacunación, esperemos que por pocos días. Al igual que ocurrió con la vacuna de AstraZeneca, los casos reportados son muy pocos en comparación con la cantidad de personas vacunadas; tan solo un 0,000066% en el caso de Vaxzevria (AstraZeneca) y, un 0,0008% en el caso de la vacuna de Janssen.

    En cualquier prospecto de un fármaco encontraremos que cualquier efecto adverso por debajo de 1 por cada 10.000 tratamientos (0,01%) se considera muy raro. Con las vacunas hablaríamos de casos no raros sino rarísimos. Entonces, ¿es lógica tanta precaución?

    ¿Por qué los organismos reguladores están siendo tan cautos con tan pocos casos de trombosis y que también se da en infecciones víricas, incluida la propia Covid-19?

    La trombocitopenia o trombosis con reducción de plaquetas se produce por causas desconocidas pero está asociada a múltiples enfermedades infecciosas de origen vírico y a fármacos.

    La trombocitopenia se ha asociado con infecciones víricas como el Zika, Dengue, Epstein-Barr, Hepatitis A, Hepatitis C, el SARS de 2003 o el propio SARS-CoV-2. Incluso se ha asociado a la infección por Helicobacter pylori que causa las úlceras de estómago.

    Pero este síntoma también aparece en respuesta a fármacos. Antibióticos como la vancomicina, antidepresivos como la mirtazapina, antialérgicos como el Rizaben, sulfonamidas contra infecciones como el cotrimoxazol o, curiosamente, al tratamiento con anticoagulantes como la heparina pueden provocar trombocitopenia. De hecho, los casos de trombocitopenia asociados con las vacunas de Astrazeneca y de Jannsen han mostrado similitudes con la generada por los tratamientos con heparina.

    Se ha considerado también un indicador de agravamiento en cáncer, como el linfoma no-Hodgkin, o en otros cánceres donde la quimioterapia parece generar este síntoma.

    La gran cantidad de factores que generan trombocitopenia nos permite concluir que este síntoma no se debe a un factor en concreto, sino a una actividad anormal del sistema inmunitario del propio paciente.

    De hecho, en la mayor parte de los casos asociados a fármacos o virus este síntoma se conoce como inmunotrombocitopenia por su origen en el sistema inmunitario. Se han descrito hasta 7 grupos diferentes de mecanismos inmunitarios asociados con la inducción de lo que se conoce como inmunotrombocitopenia debida a fármacos.

    ¿Es posible que dos vacunas que utilizan dos virus diferentes produzcan el mismo tipo de respuesta en unas pocas personas entre millones? ¿O es otra la causa? Pues todo indica que la causa está en el propio sistema inmunitario del paciente.

    La inmunotrombocitopenia ha sido relacionada con la infección por virus de Epstein-Barr, que afecta a los linfocitos y que podría estar detrás de la producción de antígenos contra plaquetas en estos enfermos.

    Estudios muy recientes indican que los pacientes que sufren inmunotrombocitopenia, con independencia de la causa, presentan un desequilibrio en la relación entre las poblaciones de linfocitos T ayudantes. Este desequilibrio lleva a la producción de anticuerpos contra las plaquetas. Por tanto, estaríamos hablando de una enfermedad autoinmune de origen desconocido.

    Anticuerpos contra una glucoproteína de la superficie de las plaquetas se han encontrado en personas que ya tienen enfermedades autoinmunes como lupus o esclerosis múltiple. Estas enfermedades autoinmunes afectan mucho más a mujeres que a hombres, al igual que las trombosis asociadas a la vacuna.

    Una respuesta inmunitaria desequilibrada explicaría que se haya dado el mismo tipo de síntomas en muy pocas personas vacunadas con dos vacunas basadas en dos tipos de adenovirus diferentes. A saber: uno de chimpancé para la de Astrazeneca (ChAdOx1) y uno humano para la de Janssen (Ade26).

    Por ahora, no disponemos de datos sobre la vacuna Sputnik V, aunque está basada en el mismo adenovirus que la vacuna de Janssen para la primera inyección y otro diferente (Ade5) para la segunda.

    Si las vacunas contuviesen componentes que generasen de forma directa la trombosis, el número de casos sería mucho mayor. Sin embargo, el número de casos es muy bajo.

    Conociendo los múltiples factores diferentes que generan este síntoma podemos pensar que la trombocitopenia se produce por una predisposición intrínseca del sistema inmunitario en respuesta a la vacuna. Podemos presumir que esta respuesta sería igual frente a cualquier otro virus o cualquier otra vacuna.

    La infección por SARS-CoV-2 también produce anormalidades de coagulación asociadas con una mayor mortalidad. De hecho, algunos estudios clínicos han indicado alrededor de un 30% de casos de trombosis venosa en aquellos pacientes de Covid-19 que requieren de atención en las UCIs.

    De un total de 3.376.548 casos de Covid confirmados en España hasta el 13 de abril de 2021, han sido hospitalizadas por Covid-19 un total de 338.191 (un 10%) personas. De éstas, 30.824 (un 9,11%) han necesitado asistencia en la UCI. Podemos, por tanto pensar que de ellas alrededor de un 30% deben haber sufrido trombosis (unas 9.250).

    En todo el mundo se han informado casos de trombocitopenia en unas 230 personas vacunadas. Tan solo en España han fallecido 76.625 personas con Covid-19 confirmada, posiblemente más, un 2,27% de los infectados. Del 10% de hospitalizados muchos habrán sufrido trombosis bien en la UCI o bien tras el alta.

    Con todos estos datos nos podemos preguntar, ¿es lógico paralizar la vacunación que ha demostrado reducir en más de un 95% los casos graves y las hospitalizaciones por Covid-19?

    Yo creo que no.

    #YoMeVacunoSinMiedo

    Guillermo López Lluch, catedrático del área de Biología Celular en la Universidad Pablo de Olavide e investigador asociado del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo.

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  3. ¿Qué nos puede decir la estadística sobre la seguridad de las vacunas?

    A día de hoy es imposible abrir un medio de comunicación o red social y no toparse con el revuelo que ha causado la aparición de efectos secundarios adversos graves en las vacunas de la Covid-19.

    En concreto, la alarma saltaba el pasado mes de marzo con la aparición de un tipo de trombosis sanguínea rara asociada a la vacunación con AstraZeneca, según la Agencia Europea del Medicamento.

    En este contexto resulta comprensible que surjan dudas sobre si la aceleración del proceso de aprobación de las vacunas podría habernos llevado a una situación de riesgo para la salud.

    Evidentemente, este tipo de noticias pueden abordarse desde diferentes puntos de vista. Creemos importante hacerlo desde la perspectiva de los datos y el análisis estadístico.

    En este sentido, cabe tener en cuenta dos cuestiones. Por una parte, entender los valores que se reportan como riesgo: qué significan y como interpretarlos. Por otro, entender cómo es el proceso de aprobación de un fármaco.

    Si leemos el prospecto de cualquier medicamento observaremos que existe una clasificación de los efectos secundarios en raros y muy raros. Se entiende que un efecto secundario es raro cuando esperamos que, de cada 1.000 personas medicadas, solo una lo sufra. Para el caso de los muy raros, esta proporción es de 1 evento por cada 10 000 personas que lo toman.

    En el caso concreto de la aparición de trombos con la vacuna de AstraZeneca, el riesgo se estima (a fecha 4 de Abril de 2021) en menos de un caso por cada 100.000 personas vacunadas. En particular, si queremos realizar el cálculo exacto, se trata de dividir los 222 casos detectados entre las 34 millones de personas vacunadas, lo que nos da un valor de 0,65 (menor de 1) por cada 100.000.

    Quizás una forma de entender lo que esto significa es compararlo con otros riesgos conocidos. Por ejemplo, el de morir en un accidente de tráfico, que en 2018 fue de menos de 5 casos por cada 100 000 habitantes. O el riesgo sufrir una trombosis de senos venosos cerebrales (como la causada por la vacuna) en la población general, que es de alrededor de 1 caso por cada 100.000 habitantes, según la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia.

    Cabe destacar que todos estos riesgos están calculados para una población general, mayor de 20 años, y que, por supuesto, puede cambiar entre colectivos y rangos de edad. De hecho, en el caso de la trombosis (tanto las asociadas a la vacuna como las que no lo están) el riesgo es mayor para mujeres que para hombres. También se encuentran diferencias para distintos grupos de edad, como se puede ver en el estudio realizado por el Winton Centre de Cambridge.

    Además es importante entender que el riesgo de trombosis por la vacuna se concentra en las dos semanas posteriores a la administración de la misma, mientras que el resto de riesgos están evaluados para un año.

    Ahora bien, ¿por qué no se había estimado este riesgo en el proceso de aprobación de la vacuna? La respuesta más simple es: por una cuestión estadística.

    El proceso para aprobar el uso de una vacuna, al que se le conoce como ensayo clínico, consta de varias fases.

    En las primeras fases de este ensayo se realiza un primer estudio de la seguridad del fármaco. Primero en un número reducido de pacientes, fase I, donde un síntoma con un riesgo como el del caso que nos ocupa puede pasar desapercibido. La razón es que la probabilidad de observar uno de estos casos es extremadamente pequeña cuando, como sucede en esta fase, el tamaño de la muestra es reducido. En el caso de esta vacuna hablamos de unas 500 personas y, por tanto de una probabilidad de 0,003 de observar al menos un evento.

    Si el medicamento pasa esta primera fase, la seguridad vuelve a ser testeada en la fase III donde el grupo de participantes será mayor permitiendo detectar efectos adversos graves menos habituales. Sin embargo, la probabilidad de detectar al menos un caso de este tipo de trombosis sigue siendo muy baja. En el caso de AstraZeneca, donde estamos hablando de alrededor de 12.000 pacientes vacunados, esta probabilidad sería de 0,075.

    Después de superar estas fases, la vacuna es comercializada, pero el seguimiento continua en lo que se suele denominar fase IV. Esta es la situación en la que se encuentran actualmente las vacunas que se están administrando. Se trata de una fase en la que es posible que todavía nos encontremos con algún efecto adverso más, pero cuyo riesgo seguirá siendo muy pequeño. Esto no es más que una prueba del éxito de los mecanismos de farmacovigilancia, capaces de detectar incluso los riesgos menos frecuentes y poder evaluarlos.

    En cualquier caso, es importante comparar los riesgos asociados a estos eventos con los asociados a la enfermedad que pretenden prevenir. Por ejemplo, con el riesgo de sufrir trombosis asociada a la Covid-19 que la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia estima entre 1.000 casos por cada 100.000 personas con Covid-19 leve (un 1%) y 25.000 por cada 100.000 en los casos más graves (un 25%).

    Virgilio Gómez Rubio, profesor titular en el Departamento de Matemáticas de la Universidad de Castilla-La Mancha, y Anabel Forte Deltell, profesora e investigadora en la Universitat de València.

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  4. El doctor Carballo, a Fernando Simón: "Es un gurú; si sabías que esto iba a pasar, ¿por qué no has puesto mecanismos para evitarlo?"

    La incidencia del coronavirus en España continúa creciendo de forma imparable y varias comunidades como Navarra, País Vasco, Madrid, Aragón o Andalucía han mostrado esta última semana datos cada vez más preocupantes. El doctor César Carballo, adjunto a la dirección de Urgencias del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, ha criticado la inacción por parte de las autoridades ante este aumento de los contagios y ha calificado al director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, de "gurú" por las declaraciones realizadas esta semana ante los medios de comunicación.

    El pasado martes, Simón aseguraba lo siguiente en rueda de prensa: "La transmisión que estamos viendo ahora y que vamos a ver en los próximos días es la transmisión que se produjo aproximadamente durante la Semana Santa. Frenar lo que ya pasó no lo podemos hacer. Sí que podemos frenar lo que pueda pasar de aquí en adelante", indicó.

    "Es un gurú", ha comentado con ironía el doctor Carballo en laSexta Noche al recordar esas palabras de Fernando Simón. "Yo a mi hija se lo he explicado y lo dice muy bien también, dice exactamente lo mismo", ha agregado.

    En este sentido, el urgenciólogo ha lamentado este tipo de declaraciones por parte de Simón: "De mi portavoz del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias me espero algo más. Si tú ya sabías que esto iba a pasar, ¿por qué no hemos puesto los mecanismos para que no pase?", ha preguntado.

    En opinión de Carballo, "hemos puesto todas las manzanas en un único cesto, que es el de la vacunación. Si nos falla ese cesto, vamos mal. Si encima paramos la vacunación, todavía vamos peor. Pero es que no hemos hecho absolutamente nada", ha denunciado.

    En este punto, el experto ha puesto el ejemplo del Reino Unido, "un país que ha pasado por todas las etapas de la pandemia, ha tenido su variante, y fíjate qué bien está saliendo ahora", ha señalado.

  5. ¿La carne roja es mala para la salud? Esto es lo que dice un nuevo estudio

    Comer carne roja parece tener cada vez peor reputación, diferentes estudios apuntan a que su consumo es malo para el corazón e incluso la han relacionado con el cáncer, sin embargo muchas veces es más por su abuso o la forma de cocinarse que por la carne en sí. De hecho, una nueva investigación señala que la carne magra puede tener un lugar en las dietas saludables, después de todo.

    Investigadores de la Universidad de Park en Pensilvana (EE UU) han observado que una dieta mediterránea combinada con pequeñas porciones de carne de res magra ayudó a reducir los factores de riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas, como el colesterol LDL.

    "El estudio sugiere que las dietas saludables pueden incluir una amplia variedad de alimentos, como la carne roja, y aún así ser amigables con el corazón. Cuando se crea una dieta saludable basada en frutas, verduras y otros alimentos de origen vegetal, se puede dejar espacio para cantidades moderadas de otros alimentos como la carne de res magra", señala Jennifer Fleming, profesora asistente de nutrición en Penn State.

    "Todavía hay nutrientes importantes en la carne de res de los que puede beneficiarse al comer cortes magros como el lomo o el redondo, o 93% de carne molida magra", explica la investigadora quien ha publicado este estudio en el 'American Journal of Clinical Nutrition'.

    El estudio parte de la base de la importancia de consumir dietas saludables y bien equilibradas. "Este estudio destaca la importancia de incluir carne de res magra en un patrón dietético mediterráneo que puede producir beneficios saludables para el corazón", señala al respecto David J. Baer, otro de los autores de la investigación, quien trabaja en el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos y en el Servicio de Investigación Agrícola.

    Según los investigadores, la carne roja como la carne de res se ha asociado con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular en estudios anteriores. Pero no ha quedado claro si la carne roja realmente causa estos efectos o si en realidad son causados por otras elecciones de dieta y estilo de vida que las personas realizan junto con el consumo de carne roja.

    Por otro lado, muchos estudios han combinado carnes frescas y procesadas al evaluar el consumo de carne roja y la salud. En ellos se ha visto que las carnes rojas procesadas tienen un perfil de nutrientes muy diferente al de la carne fresca; por ejemplo, los productos cárnicos procesados tienen mucho más sodio, lo que podría explicar la investigación sobre carnes rojas y los problemas de corazón.

    "La dieta mediterránea es tradicionalmente baja en carnes rojas. Pero, sabiendo que muchos estadounidenses disfrutan de la carne roja, queríamos examinar cómo la combinación de carne magra con la dieta mediterránea afectaría los marcadores de riesgo cardiovascular", explica Fleming.

    El estudio incluyó a 59 participantes. Cada participante consumió cada dieta durante cuatro semanas cada una, con un descanso de una semana entre cada período de dieta, y se extrajeron muestras de sangre al comienzo del estudio, así como después de cada período de dieta. Tres de los cuatro períodos de dieta contenían diferentes cantidades de carne de res para un plan de dieta mediterránea, que proporcionaba un 41% de calorías de grasas, un 42% de carbohidratos y un 17% de proteínas.

    Además de la dieta estadounidense promedio de control, una dieta proporcionó 0,5 onzas de carne de res al día, que es la cantidad recomendada en la pirámide de la dieta mediterránea. Una segunda dieta proporcionó 2,5 onzas al día, que representa la cantidad que un estadounidense promedio come en un día, y la tercera dieta experimental incluyó 5,5 onzas al día, que investigaciones previas relacionaron con ciertos beneficios para la salud del corazón.

    Los tres períodos de la dieta mediterránea incluyeron aceite de oliva como fuente de grasa predominante, de tres a seis porciones de frutas y seis o más porciones de verduras al día. La carne de res incluida en estos períodos de dieta era magra o extra magra.

    Para evaluar su salud utilizaron la resonancia magnética nuclear, o tecnología de RMN, para medir el número y tamaño de las partículas de lipoproteínas. Este estudio fue uno de los primeros ensayos controlados aleatorios de la dieta mediterránea en utilizar la técnica. "Esto es importante porque existe una creciente evidencia que sugiere que el número de partículas de LDL está más fuertemente asociado con el riesgo de enfermedad cardiovascular que las concentraciones totales de LDL en sangre por sí solas", explica Fleming.

    Además, pudieron identificar cambios en las apolipoproteínas, específicamente apoB, que también están asociados con un mayor riesgo de un accidente cerebrovascular. Después de que se analizaron los datos, los investigadores encontraron que todos los participantes tenían un colesterol LDL más bajo después de los períodos de la dieta mediterránea en comparación con la dieta estadounidense promedio.

    Pero aunque la cantidad total de partículas de LDL se redujo después de los tres períodos de la dieta mediterránea, solo disminuyó significativamente cuando se siguieron los períodos que incluían 0,5 o 2,5 onzas de carne de res al día en comparación con la dieta estadounidense promedio.

    Además, el colesterol no HDL y la apoB, una proteína involucrada en el metabolismo de los lípidos y un marcador de riesgo de accidente cerebrovascular, fueron más bajos después de los tres períodos de la dieta mediterránea en comparación con la dieta estadounidense promedio.

    "Nuestro estudio ayudó a ilustrar los beneficios asociados con un patrón dietético mediterráneo saludable que incorpora el equilibrio, la variedad y la inclusión de componentes ricos en nutrientes, que pueden incluir cantidades bajas a moderadas de carne de res magra", concluye Fleming.